El diálogo de Crisóstomo con su amigo Basilio sobre la grandeza y los peligros del ministerio: el gran clásico de la Iglesia antigua sobre el pastor.
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Los libros que escribió San Juan Crisóstomo sobre el sacerdocio han sido mirados siempre como la obra más sobresaliente entre todas las que nos han quedado suyas, y que no dejan que añadir a los que han tratado después esta materia. Dispuestos en forma de diálogo, nos ponen delante las graves razones y fundamentos que tuvo el santo para huir de la dignidad episcopal; y al mismo tiempo, una pintura muy acabada, en la que se registra la perfección altísima que pide el estado sacerdotal, y el gravísimo peso, que ponen sobre sus hombros, los que se encargan del gobierno de las almas. A la vista pues de esta, será sin duda muy grande nuestra confusión, si para poner un velo a nuestros descuidos pretendemos recurrir a que el santo la hizo siguiendo las trazas de una exageración retórica, y sin ser penetrado de los mismos sentimientos. Pero el que atendiere a lo que ejecutó después de promovido al sacerdocio, y al modo con que desempeñó el ministerio episcopal, hallará que sus acciones fueron en todo conformes a lo que dejó escrito y que debían practicarse por los buenos eclesiásticos y prelados; y por consiguiente, que no nos queda pretexto alguno con qué poder dar color a nuestra desidia. Dignos son, por tanto, de que continuamente los registremos, y de que por ellos observemos qué es lo que tenemos y qué nos falta para formar en nuestras almas una imagen digna del celestial Esposo; dignos de que no los pierdan de vista los que han de dar cuenta a Dios de su ministerio y empleo, por las obligaciones que aquí se representan; dignos de que todos los prelados de la Iglesia se apliquen con el mayor desvelo a que con la continua meditación los conviertan en jugo y sangre los que han de responder a los cargos de un ministerio temible aun a las mismas angélicas potestades; dignos, finalmente, de que con la más atenta y seria reflexión los revuelvan y pesen aquéllos a quienes está confiado el proveer la Iglesia de sujetos útiles, estando asegurados de que encontrarán aquí notados por menor, como en una cumplida, y exacta carta de navegar, todos los escollos en que pueden tropezar; y al mismo tiempo, los rumbos y dirección que deben seguir para su elección, y aprobación. Que la reforma de una comunidad, de un pueblo, de un reino, y de todo el mundo dependa de la bondad, y rectitud de costumbres que se noten en las personas de los prelados y eclesiásticos destinados para su instrucción es doctrina común entre todos los Padres y Doctores de la Iglesia; porque mirándose todos en ellos, como en un ejemplar, según el cual han de dirigir sus acciones, creen lícitas aquéllas que ven practicadas, aplaudidas y aun disimuladas por estos. Igualmente lo es que para la reforma del clero y del estado eclesiástico, contribuyen únicamente el discernimiento y rectitud de los que proponen, consultan, y hacen la elección para las prelacias, prebendas y beneficios eclesiásticos. El prelado (dice admirablemente nuestro santo), por cuya culpa se perdiere el rebaño de Jesucristo, responderá por los pecados de aquéllos que se perdieron por su causa; pero los electores responderán por los de éstos, y no menos por las culpas, y errores del prelado. Un mal eclesiástico, que con sus procederes indignos y vida licenciosa escandaliza a los otros, dará cuenta de los escándalos y de la ruina que ocasiona con su mal ejemplo; pero el prelado queda sujeto a la pena que corresponde a todos aquellos escándalos, y también a la de haber elegido y ordenado a un indigno. Para todos proporciona remedio nuestro santo ofreciendo una pauta por la cual deban arreglar sus pensamientos y acciones, tanto los electores, para que conozcan y examinen bien las costumbres de los que$han de elegir, como los elegidos, para que entren en el conocimiento de sí mismos; y haciendo prueba de sus fuerzas, vean si pueden mantener, o no, tan grave peso.
Contenido (28 secciones)
- Acerca de esta edición
- Advertencia del Traductor
- Capítulos I–V
- Capítulos VI–VII
- Capítulos VIII–IX
- Capítulos I–II
- Capítulos III–IV
- Capítulos V–VII
- Capítulo VIII
- Capítulos I–IV
- Capítulos V–VII
- Capítulos VIII–X
- Capítulos XI–XIV
- Capítulo XV
- Capítulo XVI
- Capítulo XVII
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulos III–IV
- Capítulos V–VII
- Capítulos VIII–IX
- Capítulos I–IV
- Capítulos V–VIII
- Capítulos I–III
- Capítulos IV–V
- Capítulos VI–VIII
- Capítulos IX–XII
- Capítulo XIII
Cómo citarla
- Chicago
- San Juan Crisóstomo. Seis libros sobre el sacerdocio. Translated by Felipe Scío de San Miguel. Internet Archive, c. 386; traducción del siglo XVIII. https://archive.org/details/SanJuanCrisostomoLibrosSobreElSacerdocio
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- San Juan Crisóstomo. Seis libros sobre el sacerdocio. Translated by Felipe Scío de San Miguel, Internet Archive, c. 386; traducción del siglo XVIII. https://archive.org/details/SanJuanCrisostomoLibrosSobreElSacerdocio
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- San Juan Crisóstomo (c. 386; traducción del siglo XVIII). Seis libros sobre el sacerdocio (Felipe Scío de San Miguel, Trans.). Internet Archive. https://archive.org/details/SanJuanCrisostomoLibrosSobreElSacerdocio
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