Los veintidós libros de san Agustín sobre las dos ciudades —la de Dios y la terrena—, escritos tras el saqueo de Roma en 410, en la traducción clásica de Díaz de Beyral.
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Del comienzo: Prólogo
En esta obra, que va dirigida a ti, y te es debida mediante mi palabra, Marcelino, hijo carísimo, pretendo defender la gloriosa Ciudad de Dios, así la que vive y se sustenta con la fe en el discurso y mundanza de los tiempos, mientras es peregrina entre los pecadores, como la que reside en la estabilidad del eterno descanso, el cual espera con tolerancia hasta que la Divina Justicia tenga a juicio, y ha de conseguirle después completamente en la victoria final y perpetua paz que ha de sobrevenir; pretendo, digo, defenderla contra los que prefieren y dan antelación a sus falsos dioses, respecto del verdadero Dios, Señor y Autor de ella. Encargo es verdaderamente grande, arduo y dificultoso; pero el Omnipotente nos auxiliará. Por cuanto estoy suficientemente persuadido del gran esfuerzo que es necesario para dar a entender a los soberbios cuán estimable y magnífica es la virtud de la humildad, con la cual todas las cosas terrenas, no precisamente las que usurpamos con la arrogancia y presunción humana, sino las que nos dispensa la divina gracia, trascienden y sobrepujan las más altas cumbres y eminencias de la tierra, que con el transcurso y vicisitud de los tiempos están ya como presagiando su ruina y total destrucción. El Rey, Fundador y Legislador de la Ciudad de que pretendemos hablar es, pues, Aquel mismo que en la Escritura indicó con las señales más evidentes a, su amado pueblo el genuino sentido de aquel celebrado y divino oráculo, cuyas enérgicas expresiones claramente expresan «que Dios se opone a los soberbios, pero que al mismo tiempo concede su gracia a los humildes». Pero este particular don, que es propio y peculiar de Dios, también le pretende el inflado espíritu del hombre soberbio y envanecido, queriendo que entre sus alabanzas y encomios se celebre como un hecho digno del recuerdo de toda la posteridad «que perdona a los humildes y rendidos y sujeta a los soberbios». Y así, tampoco pasaremos en silencio acerca de la Ciudad terrena (que mientras más ambiciosamente pretende reinar con despotismo, por más que las naciones oprimidas con su insoportable yugo la rindan obediencia y vasallaje, el mismo apetito de dominar viene a reinar sobre ella) nada, de cuanto pide la naturaleza de esta obra, y lo que yo penetro con mis luces intelectuales.
Contenido (238 secciones)
- Acerca de esta edición
- Prólogo
- Libro Primero
- Capítulos V–VIII
- Capítulo IX — De las causas por qué castiga Dios juntamente a los buenos y a los malos
- Capítulo X — Que los Santos no pierden nada con la pérdida de las cosas temporales
- Capítulos XI–XIII
- Capítulos XIV–XVI
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulos XX–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVI
- Capítulos XXVII–XXVIII
- Capítulos XXIX–XXXI
- Capítulos XXXII–XXXVI
- Libro Segundo
- Capítulos IV–VI
- Capítulos VIII–X
- Capítulos XII–XIV
- Capítulos XV–XVII
- Capítulos XIX–XXI
- Capítulos XXII–XXIII
- Capítulos XXIV–XXV
- Capítulos XXVII–XXIX
- Libro Tercero
- Capítulos V–VII
- Capítulos VIII–XI
- Capítulos XII–XIV
- Capítulo XV — Cuál fue la vida y el fin que tuvieron los reyes de los romanos
- Capítulo XVII — De las calamidades que padeció la República romana después que comenzó el…
- Capítulos XVIII–XIX
- Capítulos XX–XXI
- Capítulos XXII–XXV
- Capítulos XXVI–XXVIII
- Capítulos XXIX–XXX
- Libro Cuarto
- Capítulos III–V
- Capítulos VI–VII
- Capítulos IX–XI
- Capítulos XII–XVII
- Capítulos XVIII–XXI
- Capítulos XXII–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVII
- Capítulos XXVIII–XXX
- Capítulos XXXII–XXXIV
- Libro Quinto
- Capítulos III–V
- Capítulos VI–VIII
- Capítulo IX
- Capítulos X–XII
- Capítulos XIII–XV
- Capítulos XVI–XVIII
- Capítulos XIX–XX
- Capítulos XXI–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVI
- Libro Sexto
- Capítulos II–IV
- Capítulos V–VI
- Capítulos VII–VIII
- Capítulos IX–X
- Capítulos XI–XII
- Libro Séptimo
- Capítulos IV–VI
- Capítulos VII–IX
- Capítulos X–XIII
- Capítulos XIV–XVI
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulos XX–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVI
- Capítulos XXVII–XXIX
- Capítulos XXX–XXXIII
- Capítulos XXXIV–XXXV
- Libro Octavo
- Capítulos IV–V
- Capítulos VI–VIII
- Capítulos IX–XI
- Capítulos XII–XIII
- Capítulos XV–XVII
- Capítulos XVIII–XX
- Capítulos XXI–XXII
- Capítulo XXIII — Lo que sintió Hermes Trimegisto de la idolatría, y de dónde pudo saber…
- Capítulo XXIV — Cómo Hermes claramente confesó el error de sus padres y, con todo, le…
- Capítulos XXV–XXVI
- Capítulo XXVII — Del modo con que los cristianos honran a los mártires
- Libro Noveno
- Capítulos V–VI
- Capítulos VIII–X
- Capítulos XI–XII
- Capítulos XIV–XV
- Capítulos XVIII–XXII
- Libro Décimo
- Capítulo II — De lo que sintió el platónico Plotino sobre la superior iluminación
- Capítulos IV–VI
- Capítulos VII–VIII
- Capítulos X–XI
- Capítulos XII–XIII
- Capítulo XV — Del ministerio con que los santos ángeles sirven a la divina Providencia
- Capítulos XVII–XVIII
- Capítulos XIX–XX
- Capítulos XXII–XXV
- Capítulos XXVI–XXVII
- Capítulos XXVIII–XXIX
- Capítulos XXX–XXXI
- Capítulo XXXII — Del camino general para libertar el alma, el cual, buscándole mal, no le…
- Libro Undécimo
- Capítulos V–VII
- Capítulos VIII–IX
- Capítulo X — De la simple e inmutable trinidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo…
- Capítulos XIV–XVIII
- Capítulos XIX–XXI
- Capítulos XXII–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVI
- Capítulos XXVII–XXVIII
- Capítulos XXX–XXXII
- Libro Duodécimo
- Capítulos IV–VI
- Capítulos VII–VIII
- Capítulos X–XIII
- Capítulo XV — De la temporal creación del hombre, la cual hizo Dios, no con nuevo acuerdo…
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulo XX — De los siglos de los siglos
- Capítulos XXII–XXVI
- Capítulo XXVII — De la opinión de los platónicos, que piensan que a los ángeles los crió…
- Libro Decimotercero
- Capítulos IV–VII
- Capítulos VIII–XI
- Capítulos XII–XVI
- Capítulos XVII–XVIII
- Capítulo XIX — Contra la doctrina de los que no creen que fueran inmortales los primeros…
- Capítulo XXII — Que los cuerpos de los santos, después de la resurrección, serán…
- Libro Decimocuarto
- Capítulo IV — ¿Qué es vivir según el hombre y vivir según Dios?
- Capítulos VI–VII
- Capítulo IX — De las perturbaciones del ánimo, cuyas afecciones son rectas en el de los…
- Capítulos X–XI
- Capítulos XII–XIII
- Capítulos XIV–XV
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulos XX–XXIV
- Capítulos XXV–XXVIII
- Libro Decimoquinto
- Capítulos III–V
- Capítulo VII — De la causa y pertinacia del pecado de Caín, y cómo no fue bastante a…
- Capítulos VIII–IX
- Capítulos X–XII
- Capítulos XIII–XIV
- Capítulos XV–XVI
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulo XX — Cómo la sucesión de Caín termina en ocho generaciones, comenzando desde…
- Capítulo XXI — La escritura refiere de distinto modo las generaciones de Caín y de Seth
- Capítulos XXIV–XXVI
- Libro Decimosexto
- Capítulo III — De las generaciones de los tres hijos de Noé
- Capítulos V–VIII
- Capítulos IX–X
- Capítulos XI–XII
- Capítulos XIII–XV
- Capítulos XVI–XX
- Capítulos XXI–XXIV
- Capítulo XXV — De Agar, esclava de Sara, la cual Sara quiso que fuese concubina de Abraham
- Capítulos XXVII–XXIX
- Capítulos XXX–XXXII
- Capítulos XXXIII–XXXVI
- Capítulo XXXVII — Lo que se figura místicamente en Esaú y Jacob
- Capítulos XXXIX–XLI
- Capítulo XLII — De los hijos de Joseph, a quien bendijo Jacob cruzando proféticamente sus…
- Libro Decimoséptimo
- Capítulo V — De las cosas que un hombre de Dios dijo proféticamente a Helí, significando…
- Capítulos VII–VIII
- Capítulo IX — Que en el Salmo 88 se halla otra profecía de Cristo semejante a la que en…
- Capítulos XIII–XVI
- Capítulos XVII–XVIII
- Capítulo XIX — Del Salmo 68, donde se declara la pertinaz incredulidad de los judíos
- Capítulos XXI–XXIV
- Libro Decimoctavo
- Capítulos IV–VIII
- Capítulos IX–XI
- Capítulos XIII–XV
- Capítulos XVI–XVIII
- Capítulos XIX–XXII
- Capítulo XXIII — De la sibila Erithrea, la cual, entre las otras sibilas, se sabe que…
- Capítulos XXV–XXVIII
- Capítulos XXIX–XXXI
- Capítulo XXXII — De la profecía que se contiene en la oración y cántico de Habacuc
- Capítulos XXXIII–XXXV
- Capítulos XXXVI–XXXVII
- Capítulos XXXIX–XLI
- Capítulo XLIII — De la autoridad de los setenta intérpretes, la cual salva la reverencia…
- Capítulos XLVI–XLVII
- Capítulos XLIX–LI
- Capítulos LIII–LIV
- Libro Decimonoveno
- Capítulo IV — ¿Qué opinan los cristianos del sumo bien y del sumo mal?
- Capítulos V–VII
- Capítulos VIII–XI
- Capítulo XIV — El orden y las leyes divinas y humanas tienen por único objeto el bien de…
- Capítulos XVI–XVII
- Capítulos XVIII–XXI
- Capítulos XXII–XXIII
- Capítulos XXIV–XXVII
- Capítulo XXVIII — Qué fin han de tener los impíos
- Libro Vigésimo
- Capítulos III–V
- Capítulos VI–VII
- Capítulo VIII — Sobre, atar y soltar al demonio
- Capítulo IX — En qué consiste el reino en que reinarán los santos con Cristo por mil…
- Capítulos X–XIII
- Capítulos XIV–XV
- Capítulos XVI–XVIII
- Capítulo XIX — De lo que el Apóstol San Pablo escribió a los tesalonicenses, y de la…
- Capítulos XX–XXI
- Capítulos XXII–XXIII
- Capítulo XXIV — Lo que está profetizado en los Salmos de David sobre el fin del mundo, y…
- Capítulos XXVI–XXVII
- Capítulos XXXVIII–XXX
- Libro Vigesimoprimero
- Capítulo IV — De los ejemplos naturales, de cuya consideración podemos deducir que pueden…
- Capítulos V–VI
- Capítulos VII–VIII
- Capítulos IX–X
- Capítulos XI–XIII
- Capítulos XIV–XVI
- Capítulos XVII–XIX
- Capítulos XX–XXIII
- Capítulo XXIV — Contra los que piensan que en el juicio ha de perdonar Dios a todos los…
- Capítulo XXVI — Qué cosa sea tener a Cristo por fundamento y a quiénes se promete la…
- Capítulo XXVII — Contra la opinión de los que se persuaden que no les han de, hacer daño…
- Libro Vigesimosegundo
- Capítulos IV–V
- Capítulo VI — Cómo Roma; amando a su fundador Rómulo, le hizo dios, y la iglesia…
- Capítulos VII–VIII
- Capítulos IX–XI
- Capítulos XII–XIV
- Capítulos XV–XVIII
- Capítulos XX–XXII
- Capítulos XXIII–XXIV
- Capítulos XXV–XXVII
- Capítulos XXVIII–XXIX
- Capítulo XXX — De la eterna felicidad y bienaventuranza de la Ciudad de Dios, y del…
Cómo citarla
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- San Agustín. La ciudad de Dios. Translated by José Cayetano Díaz de Beyral. Wikisource en español, 413–426; traducción de 1793. https://es.wikisource.org/wiki/La_ciudad_de_Dios
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- San Agustín. La ciudad de Dios. Translated by José Cayetano Díaz de Beyral, Wikisource en español, 413–426; traducción de 1793. https://es.wikisource.org/wiki/La_ciudad_de_Dios
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- San Agustín (413–426; traducción de 1793). La ciudad de Dios (José Cayetano Díaz de Beyral, Trans.). Wikisource en español. https://es.wikisource.org/wiki/La_ciudad_de_Dios
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